jueves, 14 de septiembre de 2017

RESEÑA Con tu Música o con la Mía




Autora: Jen Klein

Título Original: Shuffle, Repeat

Editorial: Puck Ediciones, 2017

Traductora: Camila Batlles Vinn

Rústica con solapas, 352 págs.

Autoconclusivo

Género: Juvenil, Romántica, Realista, Contemporánea


A ella le encantan los libros. A él le vuelve loco el deporte.

Ella detesta los bailes del instituto. Él no se pierde uno.

Ella lo tiene todo controlado. Él prefiere vivir el momento.

Ella está deseando que el instituto termine para ir a la universidad.

Él está decidido a exprimir hasta la última gota de su gloria estudiantil.

No, Oliver y June no tienen nada en común. Salvo que sus madres, amigas de infancia, han acordado que compartan el largo trayecto de casa al instituto. Cada día. Y lo que empieza siendo casi una condena se convierte en una competición por averiguar quién de los dos está enfocando mejor su vida. Pero un curso da para mucho y pronto los prejuicios empezarán a saltar por los aires, a medida que la cuestión de averiguar qué es lo realmente importante se va volviendo más y más urgente… para los dos.

A ritmo de rock vintage y con aires de Cuando Harry encontró a Sally, llega una novela fresca, deliciosa y esperanzadora sobre esos años que preceden a la edad adulta, perfecta para los lectores que busquen romance juvenil construido a partir de personajes creíbles y complejos.


Con esta novela me la he jugado por completo desde que la vi por primera vez entre los lanzamientos de la editorial y me decidí (incluso) a leer su sinopsis. Absolutamente todo ella me recordaba a otro libro mundialmente conocido y que en contra de la opinión popular, yo casi he llegado a odiar: Eleanor & Park. No sólo por el rollo musical que desprende todo en la novela sino también por las aparentes personalidades de los protagonistas y su forma de tener que relacionarse: en los trayectos de camino al instituto y de allí a casa. Así que en ese sentido tenía mucho miedo porque creí que iba a ser un “más de lo mismo” descomunal y aún así, como no me gusta ser prejuiciosa, decidí probar y tener la mente abierta desde la primera página. Y ahora mismo es de estas ocasiones en que daría un abrazo a mi yo del pasado por haber tomado la decisión de lanzarse porque pasa a ser uno de los libros con los que más he disfrutado leyendo en lo que va de año.


La premisa es muy simple y básicamente lo que se puede leer en la sinopsis es lo que hay a priori: la relación de dos compañeros de instituto que a pesar de conocerse desde muy pequeños nunca se han relacionado tanto como hasta ahora cuando que sus madres han tenido la genial idea de que compartan coche para ir todos los días a clase. Y claro, con personalidades tan diferentes, el dilema de qué música escuchar en el coche para evitar la conversación insulsa o los silencios incómodos pasa de ser un problema a ser un juego que sólo ellos dos entienden.
En realidad la originalidad de la novela no radica en la trama porque, como digo, es bien sencilla y no tiene ningún giro inesperado de guión, sino más bien se trata de estas historia que se disfrutan simplemente con ir leyendo cada capítulo y ver qué situaciones se presentan, qué encuentros fuerzan a los protagonistas a cruzarse o cómo poco a poco van cambiando los sentimientos que en un principio parecían tan claros y definidos. Y no me refiero sólo a las relaciones románticas que se dan entre varios de los personajes, sino también en cuanto al resto de relaciones personales, como las familiares o las de amistad, que se ven con bastante claridad en un segundo plano.

De hecho, diría que me he encontrado con una novela de personajes cuando lo normal con estos argumentos de romances adolescentes es que sean historias de trama y situaciones. Pero independientemente de eso, la narración sigue un estilo que es de mis favoritos: en primera persona, con una protagonista sarcástica que hace alusiones y habla como para ella misma a la vez que interactúa con el resto de personajes. Es como si fuera una voz en off haciendo comentarios continuos sobre todo lo que se le pasa por la cabeza y a mí sencillamente me ha mantenido muy enganchada porque consigue un efecto de inmersión perfecto: sólo quieres seguir “escuchando” a June.

Ya que hablo de la importancia de los personajes tengo que decir que no hay ni siquiera uno que no rompa con todos los tópicos establecidos. Empezando por June, a la que me he imaginado como una especie de Avril Lavigne adolescente, una chica muy madura para su edad, superdotada y con una particular visión de la vida muy alejada del resto de chicos de su edad. Con una personalidad muy marcada, puede que incluso alguno llegue a pensar que se cree superior a los demás por esa madurez, pero poco a poco la vamos conociendo y prácticamente desde el principio ya sabemos que no es para nada “la típica”. Aunque se ha acomodado en una relación apática con su novio Itch y le gustan los magreos esporádicos y el sexo de fin de semana, sabe que le falta algo en su vida. Incluso en el propio prólogo ya vemos por dónde van los tiros con June: está en contra de todo lo que signifique “ser como el resto” pero que por algún motivo (de vital importancia) se ve obligada a pasar por el aro y hacer lo que siempre se juró que no haría: ir al baile de fin de curso.

Su antítesis perfecta es Oliver, el chico popular del instituto, simple, guapo y deportista, obviamente, que vive por y para los partidos y los entrenamientos. Pero al igual que June, él también es mucho más de lo que aparenta (o más de lo que los perjuicios de June le impiden ver). A pesar de que sólo lo conocemos a través de los ojos de June, he podido conectar fácilmente también con él a la vez que vamos descubriendo algunas cosillas de su pasado y de su personalidad cuando June se da cuenta de que tampoco es el chico encasillado que creía ella. Conocerlos a ambos poco a poco ha sido adictivo, sus conversaciones, discusiones y réplicas están llenas de ingenio, de dobles sentidos y de competencia sana, así que no podía parar de leer aprovechando esperando que se volvieran a juntar cada vez que se despedían. La química que hay entre los dos es magnífica, incluso cuando su relación comienza como una especie de bromance por obligación.

Insisto en que, pese a estar narrada desde la perspectiva de June, es fácil llegar a conocer al resto de personajes centrales, sobre todo con los que ella más interactúa como son Oliver e Itch, porque por sus reacciones y las conversaciones que mantienen nos hacemos una idea bastante clara de cómo son sus personalidades, que dicho sea de paso, son opuestas: mientras uno es el alma de la sociabilidad, el otro es un automarginado que critica todo lo que tenga que ver con el “adolescente americano medio” (lo siento pero no he podido quitarme de la cabeza a Jughead Jones mientras leía). Incluso personajes secundarios como la madre de June y el resto de amigos de la pandilla tienen un encanto particular que nos mantiene con una sonrisa en la cara mientras leemos (aunque creo que esto se debe a que no hay personaje en este libro que no tenga una buena dosis de sarcasmo esperando salir cada vez que hablan).

Además como comentaba antes, los tópicos en cuanto a personajes brillan por su ausencia: aquí hay personajes heteros, bixuales y homoxuales con una naturalidad que ya quisiera la realidad. Las razas y los colores también quedan difuminados de forma que no te das cuenta en realidad ni de qué aspecto puede tener cada uno porque no importa (por ejemplo, el mejor amigo de June se da a entender que es hindú). Por no hablar del tema relaciones en sí mismas: desinhibidas, con lenguaje natural y todo muy bien tratado acorde con la edad que tienen los protagonistas. Entre amigos hablan sin cohibirse pero sin que sus conversaciones resulten vulgares, y además me han encantado otros mensajes que quedan más velados como el hecho de que una chica pueda enrollarse con varios chicos sin ser “una fresca” (por decirlo finalmente) ante el resto de compañeros, y que a la inversa pase lo mismo, y también dé exactamente igual. En resumen, me alegra que la novela refleje que no hay que juzgar a nadie por el número ni el tipo de relaciones que tenga, seas chico o chica.

Quizás la parte más floja que se podría ver es la cantidad de clichés de instituto que hay, pero que para mí no han supuesto un problema en absoluto porque: 1. me encantan las historias de instituto al estilo The Duff, y 2. son necesarios para una historia así en la que lo que se quiere criticar y la vez defender son precisamente esos topicazos americanos: bailes de promoción, elección de universidad, fiestas en casas de “niños pijos”, los partidos del equipo de fútbol del instituto, las animadoras de doble filo… Yo he disfrutado leyendo como si estuviera viendo High School Musical, sin los bailes y las coreografías pero con el mismo ritmo.

Por otra parte, otro punto muy a su favor es la traducción, que a veces en estos casos de lenguaje tan coloquial puede quedar distorsionado o muy forzado cuando pasa al castellano de un original en inglés. En este caso, hasta las expresiones acompañan a la sensación de que June es una chica real hablando directamente a través de las páginas y que no siempre se suelen respetar porque en el original no existen (como por ejemplo: “finde” o “mola”). Si acaso me esperaba algún detalle interior para decorar la edición, que al final resulta ser muy simplona para tener ese toque tan musical por fuera.


Resumiendo, ha superado con creces mis expectativas porque simplemente me esperaba pasar unos días leyendo algo ligero, distendido y sin una historia profunda, pero resulta que me he encontrado con una novela inteligente, con temas que invitan a reflexionar y personajes maduros a pesar de la edad que representan. Supongo que en el original también tendrá esta esencia de buen rollo, pero a mí particularmente me ha dado una sensación de muy buen feeling mientras iba leyendo, y al terminar las buenas vibraciones que te dejan el mensaje general de la historia te hacen sentir muy bien.

*Y como siempre, tengo que dar mil gracias a Puck Ediciones por la amabilidad al enviarme un ejemplar con esa rapidez.


¿Conocíais esta historia o a su autora?

¿Os gustan las novelas juveniles que se salen de la norma?

lunes, 11 de septiembre de 2017

RESEÑA Llegaste Para Quedarte




Autora: Carol S. Brown

Editorial: Romantic Ediciones, 2017

Ebook, 239 págs.
Autoconclusivo

Género: Romántica, Histórica


Elliot Wise, segundo hijo del duque de Lennox, ya no ha vuelto a ser el mismo desde hace un año. Una horrible tragedia se cernió sobre él, destruyendo su vida, por eso, ante la noticia de ser el heredero del ducado de Weston, no muestra demasiado entusiasmo. Dicha herencia conlleva un título y responsabilidades con nombre de mujer. ¿Quién es esa joven, que no se comporta como una dama, pero que le despierta sentimientos que creía olvidados hace ya mucho tiempo?

Cassie Price, vive de cerca la pérdida del viejo duque de Weston, siendo éste su padrino, ahora verá cómo un desconocido hereda su título y se instala en la casa. Algo le dice que el nuevo duque no será tan permisivo con ella. Ese hombre querrá tener voz y voto en su futuro, y eso es algo que ella no piensa permitir.


Esta novedad de Romantic Ediciones me llamó la atención a principios de verano sólo con ver esa portada tan elegante y aunque me imaginaba la época en la que está ambientada creí que sería mucho más histórica de lo que en realidad es porque al final sólo se queda en la parte de novela romántica de época. Suelo disfrutar bastante de las historias de amor pero siempre necesito que tengan algo más, aunque sea de trasfondo, para que lleguen a encantarme, y eso es lo que no me ha pasado con este libro. Resulta ser una lectura sencilla, entretenida para un rato pero que al final no me ha aportado nada nuevo como esperaba.

Sin intención de contar mucha trama, la premisa de la que partimos es el binomio que tan bien parece funcionar en varios romances clásicos: lord atormentado y déspota con un pasado de remordimientos junto con jovencita rebelde e inconformista que no sigue los cánones sociales. ¿Os suena? Pues claro, porque hay ejemplos a mansalva con protagonistas que se encuadran en estos prototipos. Y la verdad es que aun basándose en esos moldes, podrían haber sido mucho más interesantes pero creo que la extensión de la novela no ha permitido ahondar mucho más allá de la relación que surge entre los dos, porque no he logrado conocerlos en otros rasgos que no sean el tormento de él y la rebeldía de ella.

Tampoco los secundarios se libran de este encasillamiento, aunque debo reconocer que ha sido una sorpresa ver que la novela hasta incluye escenas de un romance secundario, pero tan típico o más que el principal, porque los implicados también siguen otros patrones ya vistos: caballero e institutriz, aunque a estos sí que no llegamos a conocerlos en algo que no sea su relación (algo aceptable, al ser secundarios). En general, ambos romances son demasiado rápidos para mi gusto, no sé si llegan al punto de ser instalove, pero desde luego en la primera escena ya se palpa el deseo y en la segunda ya pasan a la acción, prácticamente. Teniendo en cuenta la época, a mí personalmente me gustan más los romances a fuego lento aunque sea intenso.

También me quedo con la sensación de que habiendo varios personajes centrales (con historias personales que se suponen interesantes) me ha terminado sabiendo a poco, sobre todo a nivel de subtramas, porque todo lo que no sea la relación entre Elliot y Cassie queda como demasiado en la superficie y no me aporta nada nuevo. Me habría gustado más conocer a James, el hermano de Elliot o a la institutriz de Cassie. Ni siquiera adquiere profundidad la novela cuando parece que hay una historia turbia que realmente justifique el comportamiento de Elliot, porque de repente entra en escena un personaje del que ni sabíamos y todo se resuelve de manera muy precipitada, como si hubiera prisa en acabar la historia.

Sin embargo, no sólo encontramos los tópicos a nivel de personajes o trama, sino también en muchas de las escenas en las que tienen lugar los encuentros entre los personajes. Desde el primer encontronazo entre Elliot y Cassie hasta la escena final con “villano” incluido, las situaciones flojean debido a la falta de originalidad, o al menos, en lo que a mí respecta porque al ser bastante aficionada a películas y series de época, tenía la continua sensación de que lo que iba ocurriendo en el libro, yo ya lo había leído/visto en alguna otra parte. Si bien es verdad que al tratarse de una novela de estas características, muchas de las situaciones se repiten casi obligatoriamente (bailes de sociedad, búsquedas de buenos partidos con quienes casarse, paseos a caballo, encuentros fortuitos en la biblioteca….) pero en esta ocasión ha sido como una remezcla de todas esas escenas de manera muy evidente, sin sorpresas.

A grandes rasgos, toda la novela está llena de tópicos: la chica que cae en brazos encima del chico desde un árbol, borrachera del chico con ataque de sinceridad de sentimientos, pasado de culpabilidad y remordimientos asegurados… Esto en sí no es negativo porque son clichés que suelen funcionar muy bien en las historias de amor, es sólo que yo hace tiempo que me cansé del mismo ciclo de hombre atormentado que trata mal a los que están a su alrededor porque como él ha sufrido, está en su derecho. A favor de Elliot tengo que decir que no es el típico personaje odioso que desprecia a la chica de turno porque sufrió en el pasado y por el contrario admira a Cassie prácticamente desde el principio por su forma de ser, aunque sí que se repiten sus acciones acercando y alejando a la pobre muchacha porque “no es bueno para ella”. Como digo, este ciclo a mí se me hace muy repetitivo, pero desde luego es algo que suele enganchar mucho y que para quien disfrute de ello, estará más que servido con esta novela.

En cambio, sin duda su punto más fuerte es su extensión (he podido leerla en apenas unas horas de un domingo) que combinado con la agilidad de la narración resulta una lectura muy agradable en todos los sentidos (ritmo, vocabulario, expresiones adecuadas a la época) y que se lee por el mero placer de entretenerse una tarde. Además es una novela muy amena, lejos de las novelas densas que suelen ir de la mano del género histórico, más que nada porque apenas hay descripciones más allá de las físicas para visualizar a los personajes, pero ni siquiera tenemos extensos párrafos de narración que no sean para explicar el pasado de alguien, las circunstancias de una situación o simplemente los pensamientos de alguno de los protagonistas. Todo lo demás prácticamente está narrado mediante diálogos que son los que dan tanta velocidad a la novela.

La verdad es que no diría que esta historia ha sido una decepción porque realmente iba sin expectativas cuando empecé a leerla y no puedo comparar lo que me esperaba con lo que ha terminando siendo. Sólo iba con la idea de conocer a una nueva autora de romántica como es Carol S. Brown y en este sentido he quedado gratamente satisfecha porque, independientemente de que la trama me haya fallado, su estilo me ha convencido, ha conseguido engancharme pese a que no me sorprendiera con lo que iba leyendo y desde luego voy a estar atenta a otras novelas para investigar a ver si pueden gustarme más por la temática.



Así que en definitiva, es una novela romántica bastante al uso que aprueba pero que no destaca en nada, con una trama entretenida para leer en una tarde pero que peca de predecible desde las primeras páginas, y que además cuenta con unos personajes muy típicos y situaciones muy tópicas. Sin embargo, a su favor tiene la fluidez de la narración y el estilo sencillo de la autora, por lo que en ningún momento se hace aburrida a pesar de que sospechemos lo que va a pasar casi en cada capítulo. Pero estoy convencida de que cualquier lector@ más aficionad@ a la romántica convencional, disfrutará mucho más que yo de esta historia de amor ambientada en la Inglaterra costumbrista del siglo XIX.

*Por último, muchísimas gracias a Romantic Ediciones por el envío del ejemplar y su colaboración para poder leer y reseña esta novela.

¿Conocíais esta novela o a su autora?

¿Os gustan las novelas de época?