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martes, 22 de junio de 2021

RESEÑA Al Final Mueren los Dos


Autor: Adam Silvera
Editorial: Puck, 2017 (Reedición, 2021)
Título original: They Both Die at the End
Traducción: Antonio Padilla Esteban
Rústica con solapas / ebook, 352 págs.
Autoconclusivo
Género: Realismo mágico, Juvenil, Contemporánea

¿Puede un solo día albergar toda una vida?

En un presente alternativo, en el que es posible predecir la muerte con un plazo de veinticuatro horas, Mateo Torrez y Rufus Emeterio acaban de recibir la llamada más temida: la misma que te avisa de que ha llegado tu hora final.

En circunstancias normales, es poco probable que Mateo y Rufus se hubieran conocido. Pero sus circunstancias no son normales en absoluto. Porque les quedan, a lo sumo, veinticuatro horas de vida. Y han decidido recurrir a Último Amigo, la aplicación de citas que te permite contactar con alguien dispuesto a compartir tu carga. Mateo y Rufus tienen un día, puede que menos, para disfrutar de su recién nacida amistad. Para descubrir cuán frágiles y preciosos son los hilos que nos unen. Para mostrar al mundo su verdadero yo.


Oficialmente, Adam Silvera ya es un habitual de por aquí y uno de los autores internacionales que más disfruto. Ya son varias las ocasiones en las que he podido leer sus historias y, aunque me quedo sin duda con su realismo mágico, la magia que desprende su prosa se encuentra en su forma de transmitir emociones, eso lo tengo claro. Además, el éxito de sus novelas es evidente con el número de ventas que lleva alrededor del mundo porque creo que es un autor que siempre aporta algo especial a través de sus historias. No en vano, Al final mueren los dos estrena segunda edición y me parecía la ocasión perfecta para lanzarme a leerla. La premisa de la que parte esta novela es una simple pregunta: ¿qué haríais en vuestro último día de vida si supierais con certeza que será vuestro último día de vida? A raíz de esta sencilla pregunta existencial que da algo de malas vibraciones y a la vez invita a reflexionar en profundidad, el autor construye toda una trama sobre el último día de vida de dos chicos que saben que van a morir, como bien dice el título. Así dicho en abstracto parece un argumento un poco tétrico pero lo cierto es que esta novela es enteramente una oda a la vida, pero sobre todo es un llamamiento a vivirla, a disfrutar cada momento como si fuera el último, porque por lo menos en nuestra realidad aún no hemos podido inventar un sistema que prediga nuestra muerte. Y menos mal, ¿o no?

Adam Silvera nos introduce en un presente alternativo y nos sitúa en Nueva York en la actualidad. Sin embargo, como si de Apple o Microsoft se tratara, en esa realidad alternativa una multinacional tecnológica ha logrado crear un sistema que predice el día de la muerte de cada uno y se encarga de ir llamando a los ciudadanos cuando les llega la hora, aunque no predicen ni el momento exacto ni el modo en que morirán, pero los usuarios tienen la certeza de que se producirá en las próximas 24h después de recibir la llamada de la misteriosa “Muerte Súbita” pasada la medianoche. A partir de aquí, cada uno puede tomárselo como quiera: puede ponerse llorar en un rincón o salir a vivir, puede despedirse de sus seres queridos a lo grande o hacer una última faena a la gente que le rodea., puede hacer locuras o mantener la cabeza fría… En fin, el mero planteamiento de este inicio de trama ya es digno de reflexión porque no podemos evitar ponernos en esa situación y pensar en qué haríamos nosotros si de repente nos llaman diciendo que durante el próximo día se acabó lo bueno.

Aquí entran Mateo y Rufus, dos chicos que se conocen a través de “Último Amigo”, una de las varias apps pensadas para esta gente que va a morir (llamados “fiambres”). Tras registrarse, digamos que esta aplicación considera que son match como si fuera una especie Tinder para unir amigos-desconocidos durante sus últimas horas porque supuestamente tienen muchas cosas en común según sus perfiles. Nada más lejos, son completamente diferentes y no podían serlo más (pero ya sabemos lo que dicen de los polos opuestos…). Mateo es un chico que apenas ha cumplido la mayoría de edad, encerrado en sí mismo y en sus libros, muy introvertido y callado, con miedo a todo, tremendamente cohibido ante cualquier cosa que sea salir de su zona de confort. Por el contrario, Rufus ha tenido una mala temporada tras la muerte de su familia en un accidente de tráfico, aunque ha hecho una nueva familia con sus compañeros de la casa de acogida en la que vive, llamándose a sí mismos los Plutones. No es que sea un chico problemático pero no podemos obviar que su primer capítulo comienza cuando recibe la llamada de “Muerte Súbita” mientras está pegándole una paliza a otro tío, el actual novio de su exnovia (otra Plutón), y haciéndole una cara nueva con sus dos amigotes, Tagoe y Malcolm. Su visión de la vida se basa en sobrevivir adaptándose a lo que venga, recorriéndose Nueva York sobre dos ruedas y viviendo a tope e intensamente. No hay muchos más personajes, salvo los secundarios correspondientes de cada uno de los protagonistas (por ejemplo, Lidia, la amiga de Mateo, madre adolescente soltera de un bebé después de la muerte de su novio, o Peck, el chico al que Rufus pega la paliza y que llama a la policía provocando que Rufus tenga que pasar su último día huyendo), pero también os digo que se bastan solos para mantener la atención en todo lo que van haciendo en sus últimas horas juntos.

Los capítulos están narrados en primera persona y en presente alternativamente por Rufus y Mateo, que siempre me ha parecido la mejor manera de que los conozcamos en todas sus dimensiones, no solo en lo que hacen o dicen sino también en pensamientos y emociones. Sin embargo, de vez en cuando hay algunos capítulos de longitud mínima que siguen los pasos de personajes secundarios o algunos incluso totalmente colaterales, por ejemplo, para haceros una idea, Rufus choca con una chica y el capítulo siguiente es esa chica diciendo que un chico se ha chocado con ella y vemos alguna escena con datos aparentemente random, para generarnos una sensación como de que todo está conectado (y en estos momentos yo solo podía pensar en la saga de películas Destino Final, que ya veía a la Muerte acechando por todas partes). Creo que esa es la sensación que pretende crear Adam Silvera en toda la novela, de principio a fin, y que salgamos de la lectura pensando en lo efímera que es la vida, da igual que te quede un día o que te queden seis décadas, y esa atmósfera de aprovechar al máximo el momento está en cada uno de los puntos de vista que se van viendo, con reflexiones sobre las pérdidas que han sufrido cada uno, la forma de llevar el duelo tan diferente de una persona a otra, o incluso esa negación de que por ser jóvenes estamos a salvo de la muerte, que eso es cosa de ancianos y que por lo tanto podemos desperdiciar el tiempo porque tenemos mucho (de hecho, uno de los personajes recibe la llamada de Muerte Súbita y automáticamente piensa que es un error, que es una broma, que es una venganza de su ex… cualquier cosa antes que pensar que puede ser verdad que va a morir simplemente porque “tiene toda la vida por delante”). Me parece maravillosa la forma en que el autor nos hace reflexionar sobre todo esto y hacernos esas mismas preguntas.

Como es obvio, uno de los temas recurrentes que se tratan en la novela es el luto, la pérdida, la aceptación de lo inevitable, la idea de que la muerte forma parte de la vida. Desde el drama personal de Rufus, que no entiende por qué tuvo que morir toda su familia al completo cuando él también iba en el mismo coche que ellos (representando la culpabilidad y el síndrome del superviviente) hasta la vida en pausa en la que se encuentra Mateo, que no puede seguir adelante y vivir plenamente mientras su padre yace en una cama de hospital en coma. Ambos personajes tienen historias personales duras y que son verdaderas situaciones límite, pero el tono amable y feel good que utiliza Adam Silvera nos aleja sutilmente de sentirlas como desgraciadas y en cambio se empeña en mostrarnos el vaso medio lleno: Mateo y Rufus todavía están vivos y ahora que se han conocido, se tienen el uno al otro. Por otra parte, os digo sinceramente que creo que hay un tercer protagonista y es Nueva York. Así de claro, y se nota la pasión que siente Adam Silvera por su propia ciudad en todas las descripciones y el maravilloso recorrido que nos hace por algunos lugares menos emblemáticos que no salen en las guías turísticas pero que son el alma de la ciudad y que de forma discreta se convierte en el mejor escenario para un inusual romance juvenil.

Si nos atenemos a los hechos, hay un clarísimo instalove, porque Rufus y Mateo se conocen de madrugada y pasan la noche entera y el día que les queda aprovechando el tiempo y una cosa lleva la otra (qué os decía antes de que era una especie de Tinder…). A mí no me gustan naaaada los instaloves, así que entonces ¿por qué estoy tan emocionada? Vale, sí, se enamoran en menos de 24h porque es lo que hay y es lo que dura la novela. Sin embargo, haciendo análisis de lo que he leído, la sensación no es de amor acelerado ni a primera vista ni, en definitiva, instalove de esos en los que yo pierdo el interés en el tercer capítulo cuando ya casi se han casado. Esta novela me recuerda en muchos sentidos a esa trilogía de películas noventeras que se iniciaban con Antes del amanecer (en las que dos viajeros coinciden en un tren para hacer trasbordo en Viena y pasan la noche en esa ciudad conociéndose y enamorándose hasta que se tienen que separar en sus respectivos trenes a la mañana siguiente) que también jugaba con esa idea de “mira, tenemos el tiempo contado para disfrutar así que, o nos enamoramos ya o no vamos a tener más oportunidad”. Creo que es ahí donde entra también este ingrediente romántico en Al final mueren los dos. Además, Adam Silvera tiene la sorprendente habilidad para que ese romance pase desapercibido hasta el tramo final, de manera que ese instalove teórico se convierte en realidad en un intenso slow burn sobre el papel, uno que yo he disfrutado al máximo porque reconozco que, aunque intuía las señales, creía que el autor no me iba a dar lo que veían mis ojos de lectora shippeadora y al final me ha dado el capricho.

8/10

Resumiendo un poco todo lo anterior, esta novela me ha encantado y me ha resultado adictiva, porque las horas han ido pasando tanto en mi realidad como en la del libro sin que me diera cuenta y con todas las ganas de saber si el título era o no una profecía. Sin embargo, si lo pensáis bien, el título viene a ser de lo más natural como la vida misma, porque es lo que al final nos ocurrirá a todos y esa es la única certeza que tenemos. Así que la lectura ha sido un gran homenaje al carpe diem, a vivir la vida y no solo a pasar por ella, a disfrutar del momento al máximo como si fuera el último día de tu vida, pero porque así debe ser y no porque te lo digan en una llamada o en una app. Me ha parecido una lectura encantadora que me ha provocado multitud de sentimientos y ha jugado con mis emociones hasta el mismo final, siempre aleteando alrededor de la misma idea: tempus fugit. Para mí, Adam Silvera es uno de los mejores autores de referencia si buscáis libros LGTB+ friendly, novelas feel good, personajes muy intensos y tramas muy originales. Este libro tiene todos esos ingredientes y pasa a ser una más de mis recomendaciones a partir de ahora.

*Por último, muchísimas gracias a Puck por la propuesta de lectura y el envío del ejemplar para disfrutar de esta historia.


 


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