Autora: María Fernanda Heredia
Editorial:
Loqueleo (Grupo Santillana), 2017
Rústica con
solapas, 200 págs.
Autoconclusivo
Género: Juvenil,
Realista, Drama

Durante una inocente reunión, Lucía se convierte en el
blanco de una broma pesada: sus amigas la fotografían con el móvil mientras
ella se cambia de ropa y alguien presiona entre risas la tecla «Enviar». La
imagen corre como la pólvora y el escándalo estalla en la comunidad escolar.
Cuando la madre de Antonio se fue a trabajar a España,
le prometió que encontrarían el modo de vencer la distancia y que nunca lo
dejaría solo. Sin embargo, Antonio debe soportar la violencia de su tío y la
pasividad de su tía.
Lucía y Antonio tienen una cosa en común: la soledad.
Cuando ambos sienten que la vida se ha convertido en un nudo difícil de
desatar, una fuerte tormenta en la ciudad será cómplice de su encuentro.
«Las lágrimas no
se quedan demasiado tiempo, cumplen con su trabajo y luego siguen su camino.
Limpian, aclaran… Como la lluvia. Todo se ve distinto después de la lluvia».

Esta novela la
vi en las novedades de Loqueleo de este mes. La portada se me hizo muy
llamativa porque juega un poco con el título y además, refleja bastante bien
gran parte de la trama. Leí un poco por encima cuál era el argumento pero sólo
quería leerlo porque trata de dos temas muy delicados y actuales como son el
maltrato doméstico (englobando a más miembros de la familia y no sólo a la
mujer o pareja) y el bullying o acoso escolar. Ambos aspectos siempre son muy
difíciles de retratar de forma literaria y comprensible para jóvenes (la novela
está dirigida para edades a partir de los 14 años) y mi mayor miedo era que se reflejaran como de pasada en todo momento, y más viendo la brevísima extensión de la novela. En cambio, he
quedado satisfecha y más que satisfecha porque toda la historia se basa
absolutamente en eso.
Uno de los
aspectos que nos muestra la novela es el peligro de las redes sociales y de la
mensajería instantánea, y cómo una simple broma entre “amigas” puede acabar
destrozando el ánimo de Lucía, una chica que de repente ve cómo todo el mundo la
juzga y la mira por una simple foto. Se añade el hecho de que además la autora
ha querido agravar la situación dejando desamparada a la propia víctima (vamos,
muy como en la realidad). Se pueden ver claramente todos los pasos que se van
dando para que una situación se vaya por completo de las manos, de forma que sea
prácticamente imposible discernir quiénes son los responsables cuando llega un
momento en que todos son culpables, por activa o por pasiva. Y en el proceso
vamos viendo como Lucía experimenta todos los sentimientos posibles hasta caer
en un pozo negro de rabia, indiferencia, miedo y resignación.
Por su parte, la
difícil situación de Antonio en casa de sus tíos también nos muestra otra
triste realidad. El chico se ve forzado a vivir en un ambiente hostil, con
abusos sistemáticos por parte del marido de su tía, mientras su madre intenta
ganarse la vida en España enviando dinero para pagar los gastos de su
hijo y ahorrar para darle una vida mejor en su país. Mientras tanto, Antonio le
oculta el maltrato para que ella no se preocupe y soporta humillaciones, golpes
y abusos también gracias a la amistad de su primo Leo, que sufre casi la misma
situación mientras su tía se mantiene pasiva y justifica el comportamiento de su marido. Unas
duras circunstancias que ayudan mucho a poder conectar con Antonio porque al mismo tiempo que su situación es muy complicada, también su carácter es muy simple y tiene un
buen sentido del humor que le da incluso un sentido cómico a las
conversaciones que mantiene con su primo y el resto de personajes.
Para completar
el cuadro de buenos personajes, tenemos a otros dos clave en el desarrollo de
la historia y que no sé cuál de ellos me ha parecido más odioso. De parte de
Antonio tenemos que tragar a Norberto, el marido de su tía: un hombre cruel,
cínico y abusivo con toda su familia; mientras que por parte de Lucía, al que
le deseamos una paliza es a Álvaro, uno de los culpables de su desgracia. Como
contrapunto, la novela también tiene una cara amable que cobra la forma de
Delfina, la particular hada madrina de Antonio y Lucía, una maestra de taller de
pulseras hippies muy alegre y con ropa llamativa, que conecta enseguida con los
chicos y que gracias a su peculiar percepción, poco a poco los hace abrirse con sus
problemas. Así que en general, la construcción de los personajes se limita a
dotarlos de la historia personal necesaria para el marco argumental que sucede
en tan poquitas páginas pero no por ello sus personalidades son meros
instrumentos, sino que simplemente representan todos los colores desde el blanco al
negro para que los odiemos o los queramos.
La estructura
del libro está basada en ir alternando las historias de ambos protagonistas
hasta que llega un punto que se cruzan. Cada capítulo son apenas unas pocas
páginas así que las dos historias avanzan muy rápido y una vez que se unen, el
ritmo ya es tan rápido que ni nos damos cuenta de que las páginas vuelan. El
estilo de la autora también tiene mucho que ver en esto porque tiene una
naturalidad y una forma de narrar con bonitas frases y reflexiones muy profundas. El toque agradable que tiene al escribir me ha parecido maravilloso y
un aliciente para animarme a leer más novelas suyas, sean de la temática que
sean. Todo está tratado de una manera muy sencilla, sin ahondar demasiado en
los traumas interiores y sólo mostrando los hechos para que sea el lector quien
tenga que deducir los pensamientos y decidir qué siente respecto a lo que lee.
Como decía al
principio, iba un poco a ciegas a pesar de saber los temas que trata pero el
resultado me ha parecido una gozada de novela cortita y concisa para mostrar lo
fácil que se puede convertir la vida de dos adolescentes en un infierno
personal. No es que sea una novela triste ni que haga llorar, es más bien
simple y llana, tal cual son las cosas en la realidad, algo que ayuda mucho a
empatizar sin que sea especialmente conmovedora, en el sentido de llegarnos a hacer pasar un mal rato. Todas y cada una de las fases por las que atraviesan ambos
personajes son un fiel reflejo de la realidad, novelizada y dirigida a jóvenes
lectores, pero que aún así no escatima en la dureza de algunas situaciones.
En resumidas
cuentas, la sorpresa que ha supuesto esta novela para mí creo que ha sido lo
que más me ha gustado. Se trata de una historia muy realista, pensada sobre
todo para mostrar el calvario que puede suponer pasar por una situación
similar, incluso si empieza inocentemente. Además, se lee en unas horas (como
ha sido mi caso) porque tiene algo que empuja a querer leer más. Desde luego,
es una historia más que recomendable para jóvenes o más adultos porque una
novela así, en realidad no tiene edad. Nos muestra la cara menos agradable de la adolescencia
y a la vez nos marca una pautas para poder empatizar o sentirnos identificados
con los personajes en situaciones tan extremas. Debería ser lectura
“obligatoria” o al menos recomendada en los institutos porque puede ayudar a
ponerse en el lugar de las víctimas, o incluso de los cómplices, por una vez.
*Termino
agradeciendo muchísimo la recomendación y por supuesto, el envío del ejemplar a
Loqueleo, porque ha resultado ser una lectura muy intensa sin que me lo
esperara.
¿Os gustan las historias de
problemas adolescentes?
¿Habíais oído hablar de esta
novela o su autora?



















